Morena y el palacio de los cristales… rotos

El enfrentamiento entre Julio Scherer Ibarra y Jesús Ramírez Cuevas no es solo una riña de pasillo; es el síntoma de una metástasis política que carcome la supuesta “unidad monolítica” de la Cuarta Transformación. En este febrero de 2026, lo que comenzó como una fricción de lealtades bajo el mandato anterior ha mutado en una guerra abierta de expedientes que amenaza con salpicar la administración de Claudia Sheinbaum, como si le hiciera falta.

La reciente publicación de las acusaciones de Julio Scherer Ibarra contra Jesús Ramírez Cuevas, señalándolo por un presunto desvío de recursos destinados a extrabajadores de Luz y Fuerza para apuntalar campañas políticas, ha roto el último pacto de silencio. Scherer, el operador jurídico que alguna vez fue el “hermano” del expresidente, hoy dispara desde el exilio político contra Ramírez, el entonces guardián de la narrativa oficial.

Esta disputa no es ideológica, es de supervivencia y control. Mientras Ramírez intenta blindar el legado del obradorismo puro, Scherer parece decidido a demostrar que el fracaso de la Cuarta Transformación. Entonces, el reto de Ramírez a “presentar pruebas” no es más que el protocolo de una tragedia anunciada: la judicialización de las venganzas internas.

Pero el caso Scherer-Ramírez es solo la punta del iceberg. El escenario político de 2026 muestra un oficialismo fragmentado en tribus que ya no disimulan los golpes bajo la mesa:

Los recientes zafarranchos en el Senado y la Cámara de Diputados, con figuras como Gerardo Fernández Noroña tensando la cuerda de la disciplina partidista, evidencian que el liderazgo de Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán enfrenta una resistencia interna feroz.

Con las elecciones intermedias a la vuelta de la esquina, los grupos liderados por Ricardo Monreal y los sectores más radicales del partido han convertido cada nombramiento y cada reforma en una moneda de cambio o un motivo de extorsión política.

Las investigaciones contra figuras locales y las acusaciones de nepotismo o nexos incómodos, como las que han rondado a gobiernos estatales de Morena, léase Rocha Moya, en Sinaloa, por ejemplo, sugieren que el partido está perdiendo el control territorial frente a sus propios vicios.

Morena hoy tiene casi todo el poder, pero carece de paz interna. La estrategia de “unidad a toda costa” que funcionó para ganar elecciones está fallando para gobernar con integridad. Cuando los funcionarios dedican más tiempo a espiar al colega de la oficina contigua que a ejecutar políticas públicas, el ciudadano es el que termina pagando el costo del estancamiento.

El mayor enemigo de la 4T no está en la oposición, que sigue desarticulada, sino en el espejo de sus propias ambiciones.

Si la presidenta Sheinbaum no logra imponer un orden que trascienda la lealtad personal hacia su antecesor, su gobierno corre el riesgo de ser recordado no por su “segundo piso”, sino por los escombros de una guerra civil burocrática que apenas comienza a mostrar sus garras.

Comando Norte: la geopolítica se impone

El pasado 10 de febrero, en la ceremonia de conmemoración del Día de la Fuerza Aérea Mexicana, el General Ricardo Trevilla, secretario de la Defensa, hizo una defensa de la colaboración militar entre México y Estados Unidos, particularmente a través del Comando Norte ¿A qué se refirió el General Secretario?

Estados Unidos cuenta con diez comandos de combate unificado, siete de ellos geográficos: Comando Norte, incluye Estados Unidos, Canadá y México; Comando Sur, incluye Centroamérica, el Caribe y Sudamérica; Comando Europeo, el viejo continente, incluye Rusia completa, Turquía, Georgia, Armenia, Azerbaiyán y Groenlandia; Comando África, dicho continente, excepto Egipto; Comando Central, lo que se llama Medio Oriente, Asia central, incluida la Península Arábiga y Egipto, Paquistán al este y Kazajistán al norte; el Comando Pacífico, con lo que resta de Asia oriental y Oceanía; y el Comando Espacial. A ellos se suman cuatro comandos funcionales: Cibercomando, Comando de Operaciones Especiales, Comando Estratégico y Comando de Transporte.

En el caso de los primeros siete, se trata de una distribución geopolítica para efectos operativos y logísticos militares de Estados Unidos, no se trata de organismos donde un país quiere estar incluido o no, ni siquiera que los cambien por cuestiones políticas. Por ello, cuando algunos legisladores en Estados Unidos proponen trasladar a México a la esfera del Comando Sur, es solo ruido. El Comando Norte es fundamental en la defensa del territorio continental estadounidense, es por ello que abarca a sus vecinos inmediatos.

Hasta antes del regreso de Trump a la presidencia, a diferencia de Canadá, la colaboración de México en el Comando Norte fue mínima, con alguna representación como enlace, no había mucha coincidencia en los óbices domésticos que enfrenta nuestro país, que los deuna superpotencia. Sin embargo, la inclusión del narcoterrorismo como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos derivó en una coincidencia obligada entre fuerzas armadas de ambos países, pues para México la delincuencia organizada del narcotráfico ya era su principal amenaza. Lo que antes se veía solo con instancias como la DEA y el Departamento de Justicia, ahora también lo es con el Departamento de Guerra.

Es por ello que la cooperación de México en el Comando Norte se ha vuelto necesaria, fundamental y, será, cada vez mas estrecha. Y esto significa beneficios para las fuerzas armadas mexicanas, al exigirles mayores capacidades en sus tareas, por ende, más presupuesto, y más enfocados a lo que se deben dedicar, que es la seguridad nacional y la defensa nacional. No hacerlo derivará, entonces sí, en una supeditación, un mayor rezago y una pérdida de soberanía.

Jornada laboral: entre la justicia social y la viabilidad económica

El camino ya está trazado y difícilmente habrá marcha atrás. El Pleno del Senado aprobó la reforma para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. En lo general, el dictamen fue respaldado prácticamente por unanimidad; todos los partidos estaban tratando de colgarse la medalla de la justicia social. Es, sin duda, uno de los cambios más importantes de las últimas décadas, aunque que se sostiene más en el deber ser que en las posibilidades reales de su implementación.

Como es de esperarse en el plano social, la reforma tiene amplio respaldo. Más descanso y mejor equilibrio entre trabajo y vida personal son objetivos legítimos. Sin embargo, el debate económico ha sido menos profundo. Más del 95% de las unidades económicas del país son micro, pequeñas y medianas empresas. Son ellas las generadoras de empleo y, al mismo tiempo, las más vulnerables ante cualquier incremento estructural de costos.

Reducir la jornada sin reducir salarios implica elevar el costo de la hora trabajada. Para grandes corporativos el ajuste puede planearse con automatización y reorganización operativa. Para una tienda en cualquier colonia, un pequeño restaurante o un taller familiar, el impacto es inmediato: contratar más personal, pagar más horas extra o absorber una caída de márgenes que de por sí ya son estrechos. En un entorno marcado por la inflación acumulada, aumentos al salario mínimo y mayores cargas regulatorias, la transición no será fácil.

A esto se suma un punto que quedó abierto: los días de descanso. Aunque la jornada baja a 40 horas, el texto constitucional mantiene la redacción de al menos un día de descanso por cada seis trabajados. En la práctica, podría implementarse una semana de cinco días de ocho horas –lo que implicaría dos días de descanso–, pero también un esquema de seis días con jornadas más cortas que sumen 40 horas. Esta definición quedará en las leyes secundarias. La diferencia podría resultar conflictiva, porque buena parte de la narrativa pública ha asumido que automáticamente habrá dos días de descanso garantizados.

A este escenario se añade otro elemento crucial: el régimen de horas extras no desaparece con la reforma. La legislación vigente permite hasta nueve horas extra semanales pagadas al doble y, de excederse, al triple. En la práctica, si una empresa requiere mantener su operación sin contratar nuevo personal, podría recurrir con frecuencia a este mecanismo. El resultado sería paradójico: una jornada legal de 40 horas que, en los hechos, se extienda más allá de ese límite. Para las MiPyMEs, las horas extras representan un costo elevado; para los trabajadores, pueden significar ingresos adicionales, pero también una prolongación de la carga laboral que diluya el espíritu de la reforma.

El verdadero desafío comenzará a partir de su puesta en marcha, una vez que sea aprobada por los diputados y al menos 17 congresos locales. Si la reforma se concreta, el éxito no dependerá de la votación histórica en el Senado, sino de su implementación. Sin incentivos a la productividad, acceso a financiamiento, simplificación administrativa y apoyos específicos para MiPyMEs, la medida podría generar presiones que terminen trasladándose a precios, empleo o informalidad.

La reducción a 40 horas es una bandera social potente. Pero entre la justicia laboral y la viabilidad empresarial existe un equilibrio delicado. El reto para el Estado será demostrar que puede ampliar derechos sin debilitar a quienes, día con día, sostienen la economía real del país.

Amor es.. ¿IA y habilidades humanas?

En el debate actual sobre inteligencia artificial en el trabajo, la pregunta ya no es si las organizaciones deben adoptarla, sino cómo integrarla sin perder el sentido humano que da coherencia, ética y propósito a la vida laboral. En un entorno donde la automatización avanza a gran velocidad, el verdadero diferenciador no está en la tecnología, sino en la capacidad de las personas para usarla con criterio.

Resulta oportuno que, en el marco del Día del Amor y la Amistad, hablemos de relaciones laborales desde una lógica distinta, la del “match” entre la inteligencia artificial y las habilidades humanas. Porque, al igual que en cualquier relación duradera, el éxito no está en competir por protagonismo, sino en complementarse.

La experiencia en el mercado laboral muestra que la IA es extraordinaria para optimizar procesos, analizar grandes volúmenes de información y acelerar tareas operativas, sin embargo, sigue siendo el factor humano el que define el rumbo: quién toma decisiones, quién interpreta los datos con contexto y quién asume la responsabilidad de las consecuencias. La tecnología informa; las personas deciden.

Este equilibrio se vuelve especialmente relevante en áreas como la creatividad, la comunicación y el aprendizaje. La IA puede sugerir ideas, facilitar la interacción o acelerar la adquisición de conocimiento, pero es el talento humano el que conecta conceptos, construye confianza y define un propósito.

Para líderes y organizaciones, el mensaje es que apostar por la IA no debe implicar relegar las habilidades humanas, sino fortalecerlas. La creatividad aumentada, la interpretación ética de los datos, la escucha activa y la visión de largo plazo son competencias que ninguna tecnología puede reemplazar, pero sí potenciar cuando se utilizan de forma consciente.

El futuro del trabajo no será una competencia entre personas y máquinas, más bien, una alianza estratégica donde la inteligencia artificial amplifique el talento y donde las personas sigan aportando lo que ninguna tecnología puede programar: sentido, valores y humanidad. Ese es, el mejor “match” laboral que una organización puede construir.

La digitalización impulsa el acceso al crédito

El crédito digital crece a un ritmo acelerado gracias a la adopción móvil y a un cambio generacional profundo. Hoy, entre el 60 y 70 por ciento de las solicitudes de crédito por primera vez provienen de jóvenes que esperan procesos inmediatos, simples y completamente digitales. Para estas generaciones, la experiencia importa tanto como el producto financiero; la velocidad de respuesta y la transparencia se han convertido en nuevos criterios de confianza.

La inteligencia artificial está redefiniendo el acceso al crédito en un contexto donde la inclusión financiera sigue siendo un reto en México. El potencial es claro, aunque las fintech concentran el 57% del tráfico bancario digital, apenas representan cerca del 10% del portafolio total de crédito del país, de acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

Esta brecha abre una oportunidad clara para escalar el crédito digital con reglas más inteligentes, y es ahí donde Círculo de Crédito, el buró liderado por Juan Manuel Ruiz, marca la diferencia al articular datos, tecnología y confianza. A través de automatización y análisis avanzado de información, permite que las plataformas financieras evalúen riesgos y otorguen créditos en minutos, acelerando la toma de decisiones sin comprometer la solidez ni el control del sistema financiero.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte enterado

El cargo Morena y el palacio de los cristales… rotos apareció primero en Mundo Ejecutivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *