La invasión china y el desafío de la permanencia
En los últimos dos años, las marcas chinas vivieron una “luna de miel” con el consumidor mexicano, capitalizando la falta de inventario de las firmas tradicionales. Sin embargo, al llegar al 2026, la narrativa ha cambiado. Ya no basta con ofrecer pantallas gigantes y precios bajos; el mercado ahora exige confianza a largo plazo.
La reciente implementación de aranceles del 50% a vehículos provenientes de países sin tratados comerciales (como China) ha puesto en jaque la estrategia de “precio de entrada”. La consecuencia fue que marcas como BYD, MG y Geely ya no pueden competir únicamente por ser las más baratas, lo cual obligará a las empresas a acelerar sus planes de manufactura local. Aquellas que logren poner la primera piedra de una planta en territorio mexicano (como se rumora fuertemente de BYD) sobrevivirán; las que se limiten a importar, podrían quedar fuera de mercado por costos.
El mayor riesgo para el futuro de estas marcas no está en las aduanas, sino en los talleres. La percepción del consumidor está en un punto crítico: el estigma de autos desechables o detenidos por falta de refacciones sigue presente. El 2026 será el año en que las marcas chinas demuestren si sus inversiones en centros de distribución logística fueron reales o solo promesas de marketing.
Con decenas de marcas chinas peleando por el mismo 15 o 20% del mercado, veremos una consolidación. Es probable que algunas firmas con poca infraestructura terminen abandonando el país, dejando a sus clientes en la incertidumbre.
Mientras las marcas tradicionales avanzan con cautela en la electrificación, China ya es el líder indiscutible en este segmento en México. Modelos como el BYD Dolphin Mini han democratizado el auto eléctrico. Si logran mantener redes de carga eficientes y garantías de batería sólidas, las marcas chinas serán las dueñas de la movilidad urbana en la próxima década.
El futuro de las marcas chinas en México no es monolítico. Veremos una división clara: un pequeño grupo de “titanes” (MG, BYD, JAC) que se integrarán al tejido industrial mexicano con plantas y servicio sólido, y una larga lista de marcas “fantasma” que desaparecerán tras no poder superar la barrera de los aranceles y la desconfianza del servicio técnico.
Mientras tanto, el consumidor mexicano ha dejado de ser una “rata de laboratorio”; ahora es un juez exigente que valorará la reventa y el servicio por encima del diseño o el status.
La Cruz Azul: más que cemento
El pasado jueves se registró el que se esperaría sea el último de los hechos violentos del pleito interno de la Cooperativa La Cruz Azul. La madrugada de ese día, en cumplimiento de una orden judicial, autoridades de la fiscalía mexiquense, junto con policías hidalguenses, restituyeron la cementera ubicada en Tula de Allende, Hidalgo, con saldo de 33 detenidos, luego de grescas entre trabajadores y autoridades, afortunadamente sin bajas.
Y es que el pleito de la cooperativa cumple ocho años este 2026, y tiene detrás varios muertos, prófugos y presos -entre ellos Guillermo Álvarez y varios de sus allegados-, y tomas de instalaciones, donde la última que quedaba ocupada por afines de “Billy” era precisamente la planta más grande, la de Tula, donde ya hubo antes otros intentos violentos por recuperarla. Solo en abril de 2022, hubo ocho muertos, varios lesionados y detenidos, además de vehículos calcinados.
La cooperativa cuenta con cuatro plantas cementeras -Oaxaca, Puebla, Aguascalientes y la recuperada de Hidalgo-, pero no todo es cemento; también cuenta con hoteles, hospitales, colegios, plazas comerciales, y sin faltar el equipo de futbol, entre los más populares de México.
Que La Cruz Azul continúe operando a pesar de casi una década de conflicto, donde “Billy” Álvarez y otros están presos por delincuencia organizada y lavado de dinero, solo se explica precisamente por lo que se ha prolongado tantos años la situación: hay mucho dinero de por medio.
Un negocio al que se aferraban a como diera lugar los grupos enfrentados, donde el último reducto de los afines a “Billy” fue recuperado. Ojalá y con ello se cierre este largo episodio de la casi centenaria cooperativa cementera.
Cuba: la falta de petróleo y las familias que se van
La Habana vuelve a oscurecerse suspendiendo en el tiempo el ritmo de la vida cotidiana, una vida que hace tiempo dejó de ser buena para sus pobladores, víctimas de la carencia de alimentos y de los materiales más básicos para reconstruir una ciudad que ya lleva más de medio siglo sitiada.
Los apagones se han convertido en parte de esa cotidianidad como extensión de la falta de combustible, ese bien estratégico cuya ausencia paraliza hospitales, transporte público, industria alimentaria y turismo. La suspensión –o bloqueo efectivo– hace unas semanas, bajo la fuerte presión de Estados Unidos, ha colocado a la isla en una situación límite que amenaza con transformarse en una crisis humanitaria abierta.
En el horizonte se perfila la migración como única salida a un trance que asfixia a familias enteras y las coloca al borde de la inanición. Cuando falta electricidad, transporte y alimentos, la decisión de irse deja de ser política para volverse existencial. Ya ocurrió en el llamado “Período Especial” de los años noventa y volvió a verse en los últimos años con picos migratorios históricos hacia la Unión Americana. Si la actual restricción petrolera se prolonga, es previsible una nueva ola.
Pero esa ola no se mueve en línea recta. Gran parte de los migrantes cubanos viajan por vía aérea hacia terceros países de América Latina y luego atraviesan por tierra el continente hasta llegar inevitablemente a la frontera norte de México, lo que provoca en nuestro país: estaciones migratorias saturadas, presión sobre ciudades fronterizas, tensiones diplomáticas y costos humanitarios, por mencionar solo algunos.
Bajo estas condiciones, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no solo enfrenta un dilema comercial o diplomático, sino también uno de gestión interna: cómo administrar un posible aumento de migrantes cubanos en un contexto en el que Washington exige contención y cooperación en materia migratoria.
En ese sentido, la política energética y la política migratoria están más conectadas de lo que parecen. Asfixiar el suministro de combustible puede presionar a un gobierno, pero también empuja a miles de personas a abandonar su país. Cuando esas personas emprenden el viaje, la crisis deja de ser un asunto bilateral para convertirse en regional.
Si el suministro energético no se restablece por alguna vía –sea por flexibilización de sanciones, negociación directa o nuevos acuerdos con terceros países–, Cuba podría enfrentar no solo un deterioro económico, sino una nueva hemorragia demográfica. La energía no es un lujo; es el insumo que permite potabilizar agua, conservar alimentos, operar hospitales y sostener empleo. Sin ella, la migración se convierte en válvula de escape.
Paradójicamente, muchos cubanos tienen los ojos puestos en el enemigo “capitalista” como destino de esperanza, y para llegar a él el paso inevitable es por México. Así, las sanciones no se quedan en las sedes diplomáticas ni en los puertos petroleros: caminan por nuestras carreteras, llaman a nuestras puertas y nos recuerdan que, en geopolítica, las decisiones se toman “arriba”, pero las consecuencias siempre se viven “abajo”.
Enamorar al talento con cultura, no solo con salario
Febrero es el mes en el que solemos hablar de relaciones y compromisos. En el terreno laboral, esa lógica también aplica: cada vez que un profesionista dice “sí acepto” a una oferta, valida o rechaza la propuesta de valor de una empresa. Y entender qué influye en esa decisión ya no es un tema “blando”; es información útil para competir mejor por talento.
De acuerdo con OCC, la bolsa de trabajo en línea líder en México, hoy el talento no evalúa únicamente cuánto va a ganar, sino cómo va a vivir trabajando en una organización. Entre los principales factores que pesan al aceptar un nuevo empleo están: el desarrollo profesional, un sueldo competitivo y justo, prestaciones y salario emocional, el balance vida–trabajo y un ambiente laboral con cultura sana.
Las personas ya no solo buscan un empleo que pague bien, sino un lugar donde puedan crecer, sentirse valoradas y lograr un equilibrio real entre su vida personal y profesional. Para las organizaciones, esta lectura es clara: la experiencia del colaborador se ha convertido en un diferenciador que incide en atracción, permanencia y productividad.
Sumado a esto, la cultura y el liderazgo importan tanto como la oferta económica. Un entorno respetuoso, con comunicación clara y equipos colaborativos, reduce fricciones, mejora la coordinación y eleva la ejecución. En un contexto donde cubrir vacantes es cada vez más costoso, fortalecer la experiencia del colaborador contribuye a bajar rotación y atraer mejores perfiles sin recargarse solo en aumentos salariales.
El reto de las empresas no es “enamorar” con promesas, sino sostener una experiencia coherente. Cuando la estrategia de talento refleja lo que hoy valoran las personas crecimiento, valoración, bienestar y equilibrio, el “sí acepto” deja de ser una firma y se convierte en permanencia, desempeño y reputación.
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