Mundial de Fútbol como deporte extremo

A menos de cien días de que el balón ruede en el pasto híbrido del renovado (y aún a medio terminar) Estadio Azteca, ahora Banorte, la narrativa del Mundial 2026 ha dado un giro dramático. Lo que debía ser la gran fiesta de la integración norteamericana se ha convertido en un rompecabezas de incertidumbres donde la logística deportiva es, quizás, la menor de nuestras preocupaciones.

Es difícil ignorar el elefante en la habitación. Mientras las autoridades locales presumen avances del 85% en las obras, la realidad a pie de calle cuenta otra historia. La infraestructura en México no solo llega tarde, llega forzada. Pero más allá de si el techo de un estadio gotea o si el Metrobús se satura, el verdadero nubarrón es la seguridad.

La reciente ola de violencia tras la caída de figuras clave del narcotráfico ha puesto a las ciudades sede en un estado de alerta permanente. No se trata solo de “percepción”; es una crisis de gobernabilidad que la FIFA observa con lupa. El tour del trofeo, custodiado por operativos militares dignos de una zona de guerra, es la metáfora perfecta de este torneo: un tesoro brillante protegido por fusiles ¿Cómo convencer al turista de que Guadalajara o Monterrey son destinos seguros cuando los titulares internacionales hablan de represalias y territorios en disputa?

Si el panorama interno es complejo, el externo es incendiario. La reciente ejecución de la Operación Furia Épica por parte de Estados Unidos contra Irán ha dinamitado la atmósfera de “hermandad” que el torneo pretendía proyectar.

El presidente Donald Trump no solo ha llevado a la región a un nuevo punto de quiebre geopolítico, sino que ha endurecido una retórica que dista mucho de la diplomacia anfitriona. Las amenazas a aliados europeos y el cierre de fronteras bajo pretextos de seguridad nacional dibujan una cara hostil para un evento que, por definición, debería ser de apertura total ¿Qué clase de “Copa del Mundo” es esta cuando el principal anfitrión está más ocupado en el tablero de guerra que en la hospitalidad migratoria?

El organismo rector del fútbol se encuentra en un callejón sin salida. Históricamente, la FIFA ha intentado separar el deporte de la política (con resultados mediocres, como vimos en Qatar o Rusia). Sin embargo, el estallido de un conflicto bélico de esta magnitud y la inestabilidad social en México obligan a una pregunta incómoda: ¿Están las condiciones dadas para una fiesta?

El Mundial 2026 corre el riesgo de ser recordado no por los goles, sino por los controles biométricos, la exclusión de naciones por tensiones bélicas y el miedo latente en las gradas.

Irán: el terrorismo más allá del narco

De acuerdo a las previsiones de Trump, las operaciones militares sobre Irán podrían durar cuatro semanas. La realidad es de que, si bien los bombardeos podrían concluir en ese periodo de tiempo para desactivar objetivos iraníes, la nueva guerra en Medio Oriente es un escenario que puede durar tanto o más que el que desencadenó el llamado 9-11 hace casi 25 años, con un impacto similar a nivel mundial en materia de seguridad, con escenarios conocidos por México y Canadá, como países con frontera terrestre con EEUU.

Irán ha sido una de las amenazas tradicionales a la seguridad nacional de Estados Unidos por varias razones: no solo el riesgo de desarrollar armas nucleares, pero sobre todo, por sus capacidades para guerras asimétricas, con su avanzada tecnología para hackeo y drones, sus vínculos con grupos terroristas como Hamas y Hezbolá, y la presencia de agentes encubiertos con capacidad de realizar ataques terroristas.

Estos últimos escenarios son los que más preocupan por los riesgos potenciales de ataques terroristas en territorio estadounidense, sea por el activamiento de células dormidas, el ingreso legal o ilegal de algún agente por las fronteras, una agresión desde territorio mexicano o canadiense, o un ataque a algún interés estadounidense y/o israelí en los países vecinos, desde embajadas, cuerpo diplomático, hasta empresas. El riesgo es de mayor impacto en un evento como el Mundial de Futbol, pero no excluye que suceda en cualquier momento, en los días y meses por venir.

Cuando los ataques terroristas de Al Qaeda del 9 de septiembre de 2001, en el caso de México, se reforzó con éxito la seguridad e inteligencia en las fronteras para impedir el ingreso ilegal de sospechosos; incluso trascendió de un intento de un agente iraní de contactar a un cártel para establecer una alianza, pero que no se concretó por la negativa de la organización criminal.

Sin embargo, más recientemente hay dos casos tanto o más preocupantes: a finales de 2024, trascendió la noticia de que, por actividades de inteligencia estadounidense e israelí, se desactivó un intento de atentado a la embajadora de Israel en México, lo cual negó la presidenta Claudia Sheinbaum, probablemente porque nunca lo supieron autoridades mexicanas. El otro caso, más serio, fue el del avión de carga venezolano -originalmente de una empresa iraní-, asegurado en Argentina en 2022, proveniente de Querétaro, con ocho tripulantes de la Guardia Revolucionaria Iraní. Nunca se supo a qué vino a hacer escala en nuestro país.

Si ya se han estrechado las relaciones entre Estados Unidos y México para el combate al narcoterrorismo, necesariamente habrán de reforzarse más en el combate al terrorismo, por una guerra que no es nuestra, pero de la que seremos parte, esperemos, conteniendo efectivamente, como en los años posteriores al 9-11.

La fragilidad detrás de las remesas

Malas noticias para millones de familias. La confirmación del Banco de México de que las remesas tuvieron su peor caída desde 2015 podría elevar los índices de pobreza. Para millones, no es un ingreso extra: es supervivencia.

Después de haber superado los 63 mil millones de dólares anuales, equivalentes a casi el 4% del PIB, el flujo comenzó a retroceder con una contracción cercana al 5% anual. Hablamos de más de 3 mil millones de dólares menos circulando en comunidades que dependen de ese ingreso para sostener su vida cotidiana. En un país como México, donde las remesas se convirtieron en la principal fuente de divisas, tendrían que estar encendidas todas las luces de alerta.

En donde se percibe primero el golpe es en los hogares. Más de 11 millones de personas reciben remesas de manera directa o indirecta. En estados como Zacatecas, Michoacán, Guerrero u Oaxaca, estos envíos representan entre 10% y 15% del PIB estatal. Una reducción de apenas 5% implica menos recursos para alimentos, medicinas o colegiaturas. Si a esto sumamos el tipo de cambio que en los últimos meses pasó de 20 a casi 17 pesos por dólar, una familia que recibía 1 000 dólares mensuales pierde alrededor de 3 000 pesos en poder adquisitivo sin que el migrante haya dejado de enviar el mismo monto. El ajuste va siendo acumulativo.

La caída de las remesas se explica por una combinación de factores económicos y estructurales: por una parte, el menor dinamismo en el empleo de migrantes mexicanos en Estados Unidos y un entorno migratorio más restrictivo reducen la capacidad y frecuencia de los envíos. Paralelamente, migrantes indocumentados están evitando acercarse a las instituciones financieras por miedo a ser identificados por agentes del ICE. Un factor adicional es la menor migración neta en comparación con décadas anteriores, lo que limita el crecimiento natural del número de remitentes. En conjunto, estos elementos revelan una vulnerabilidad estructural de la economía mexicana, que durante años dependió de este recurso como amortiguador del bajo crecimiento interno.

En tiempos de crisis siempre hay ganadores y perdedores. Paradójicamente, mientras las familias pierden con la reducción de las remesas y la apreciación de la moneda, los importadores ganan. Un peso fuerte abarata insumos, electrónicos y maquinaria. México importa una alta proporción de la gasolina que consume y una gran proporción de bienes intermedios industriales. El comercio respira y la inflación encuentra un alivio técnico. Pero el reverso resulta irritante: los exportadores reciben menos pesos por cada dólar vendido y los productores nacionales compiten contra mercancía importada más barata. Lo que se gana en estabilidad cambiaria puede perderse en competitividad productiva.

La presión no solo es económica; es política. Las remesas no forman parte del presupuesto público, pero sí sostienen el consumo que genera recaudación de IVA y dinamismo comercial. Si este flujo se enfría, el gobierno enfrenta una doble tensión: mayor demanda social en regiones vulnerables y menor impulso local. Así, el gobierno pierde margen narrativo y margen fiscal al mismo tiempo.

Durante años, el crecimiento constante de las remesas fue interpretado como un símbolo de resiliencia nacional. Hoy la caída revela una gran fragilidad estructural: millones de hogares financian su estabilidad con ingresos generados fuera del territorio, determinados por decisiones que no controla México. Cuando el dinero deja de cruzar la frontera, queda al descubierto lo que no se construyó dentro de ella. Y esa vulnerabilidad, más que las remesas o el tipo de cambio, es la verdadera señal de alarma.

Vacantes sin sesgos: cuando la equidad empieza desde la primera línea

En el debate sobre equidad de género en el trabajo, solemos poner el foco en temas como brecha salarial, participación laboral, acceso a puestos de liderazgo, sin embargo, pocas veces reparamos en un punto clave que suele pasar desapercibido, pero que tiene un impacto directo en todo lo demás, que es la redacción de las vacantes de empleo.

En México, aunque se han registrado avances en materia de inclusión, la realidad es que las mujeres siguen enfrentando barreras estructurales desde el primer contacto con una empresa, que casi siempre, es una oferta laboral. Lo que ahí se dice y lo que se omite puede abrir o cerrar puertas.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, vale la pena detenernos en una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Cuántas vacantes realmente están diseñadas para atraer talento, y cuántas siguen filtrando perfiles con sesgos normalizados? De acuerdo con señales compartidas por Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, existen indicadores claros que permiten identificar ofertas más justas y profesionales. Y, visto desde una perspectiva empresarial, no se trata solo de inclusión, sino de competitividad.

La primera señal es el lenguaje, el segundo punto tiene que ver con los requisitos, la tercera señal es quizá una de las más relevantes en términos de equidad es la transparencia salarial, otro elemento clave es la claridad del proceso de selección y finalmente, la mención de prácticas laborales modernas y flexibles.

En síntesis, hablar de vacantes sin sesgos no es una conversación ideológica, sino estratégica. Las empresas que revisan cómo comunican sus oportunidades están dando un paso concreto hacia procesos más equitativos, pero también hacia una mejor atracción y retención de talento.

Al final, la inclusión no empieza en el discurso corporativo, sino en la primera línea de una oferta de empleo.

El cargo Mundial de Fútbol como deporte extremo apareció primero en Mundo Ejecutivo.

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