Semana Santa y el pulso del Turismo en 2026

México se prepara para un ritual que trasciende lo religioso. Esta próxima Semana Santa 2026, el país no solo abre sus playas y Pueblos Mágicos a más de 14.7 millones de viajeros, sino que lo hace en un momento de metamorfosis para la industria. Se trata de un año que promete ser histórico, impulsado por una inercia de recuperación económica y la sombra, cada vez más cercana, de la Copa del Mundo.

La tendencia doméstica para este periodo vacacional (del 30 de marzo al 10 de abril) marca un cambio de psicología en el turista nacional. El turista de hoy ya no busca necesariamente la odisea de larga distancia; hoy impera el turismo de proximidad. La flexibilidad y el control del presupuesto han convertido a los destinos a “pocas horas de casa” en los verdaderos protagonistas.

No es casualidad que la ocupación hotelera en destinos como Cancún, Puerto Vallarta y Los Cabos ronde ya el 85% y 95%, pero el dato revelador es el auge de las “escapadas” de tres días. El mexicano está aprendiendo a fragmentar su descanso, prefiriendo múltiples respiros cortos a una sola vacación extenuante.

Las cifras que acompañan este arranque de año son, por decir lo menos, envidiables:

Récord Histórico: enero de 2026 cerró con 8.84 millones de visitantes internacionales, la cifra más alta registrada para un inicio de año.

Inyección de Divisas: una derrama de 3,477 millones de dólares solo en el primer mes, un crecimiento del 3.9% respecto al año anterior.

El Motor del PIB: el sector ya aporta cerca del 8.7% del Producto Interno Bruto, empleando a una de cada diez personas en el país.

Sin embargo, este brillo tiene matices. La gentrificación acelerada en urbes como Ciudad de México y zonas exclusivas de Quintana Roo está tensando la cuerda social. El reto para lo que resta de 2026 no es solo atraer más gente, sino gestionar el impacto en el costo de vida de las comunidades locales.

Lo que resta del año no es una “temporada baja” convencional. México ha entrado en una fase de exposición global perpetua. La estrategia del Gobierno Federal de posicionar al país entre los cinco destinos más visitados del mundo tiene su prueba de fuego en el segundo semestre.

La conectividad aérea seguirá en ascenso con la programación de más de 14 millones de asientos hacia el cierre de año, y eventos como el Cuarto Congreso Mundial de Turismo Deportivo consolidarán a México como algo más que un destino de sol y arena. Estamos ante un año donde la infraestructura será puesta a prueba bajo una presión sin precedentes.

Esta Semana Santa de 2026 será el termómetro de una nación que ha decidido hacer del turismo su columna vertebral económica. Si logramos equilibrar la ambición de las cifras con la sostenibilidad del entorno, este año será recordado como aquel en que México dejó de ser solo un anfitrión amable para convertirse en una potencia logística y cultural indiscutible. Ojalá no lo arruinemos.

Gasolina y casetas, sin efectivo

En la inauguración la 89 Convención Bancaria, entre varios temas abordados, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo un anuncio trascendente para la digitalización de la economía: este año se terminan los pagos en efectivo en gasolineras y casetas.

En un país donde todavía el 80 por ciento de las transacciones se realizan con efectivo, la medida -drástica para muchos-, contribuirá significativamente no solo a la digitalización, sino también a la bancarización en nuestro país.

Una opción que no ha sido aprovechada, es la plataforma Cobro Digital, CoDi, con la que se pueden hacer cobros y pagos mediante el teléfono celular vinculado a una cuenta bancaria, sin comisiones. El problema es que es una opción no muy conocida, a pesar de ser más sencilla que las transferencias, que se han vuelto muy populares en comercios formales e informales, por no necesitar terminal bancaria ni comisión. El Banco de México continua simplificando su funcionamiento y buscando la fórmula para que su uso sea masivo, como Pix en Brasil, UPI en India, Bizum en España, entre otros.

En todas las casetas de las autopistas se ha incluido la opción del TAG para el cobro de cuota, manteniendo algunas exclusivas para ello, en otras incluyendo el pago con tarjeta, aunque este podría ser más ágil con opciones touchless o el propio CoDi. Sin embargo, el mayor impacto se verá en las gasolineras.

Primero, porque todo consumo de combustible de particulares, públicos, privados, personas físicas y morales quedará registrado, y esto obliga a buscar opciones de bancarización o pagos digitales a un amplio universo en el que se encuentra la economía informal, pero también delincuencia común y organizada; dificultándoles a los dedicados a las actividades ilícitas la carga de combustible de sus vehículos aun con la opción del huachicol. En segundo, por el mayor control de las gasolineras en la venta de gasolinas y diésel.

Falta conocer los plazos, pero no se descarte que, para el 31 de diciembre, el despachador de gasolina no cargará en su bolsillo mas que con sus propinas, y de nada sirva llegar a una caseta de cobro con un billete de a 500 pesos.

Plan B: las matemáticas del poder

Cuestionado desde su origen el llamado Plan B, sucedáneo de la fracasada reforma electoral, deberá avanzar en el Senado a paso veloz si el oficialismo pretende aprobarlo antes de la semana mayor.

Ciertamente, el terreno no está lo suficientemente firme para los morenistas, quienes de pronto ven en sus otrora incondicionales aliados una fuerza sólida dispuesta a dar la batalla para no poner en riesgo los privilegios de los que depende su existencia futura.

Morena enfrenta un problema que no es nuevo, pero que ahora se vuelve decisivo: la lealtad condicionada de sus aliados. El Partido del Trabajo ha optado por mantener distancia en los temas más delicados, particularmente en lo que se refiere a la concentración de procesos electorales en 2027 y la inclusión de la revocación de mandato en esa misma jornada. Hay que prestar particular atención a estas divergencias, ya que lo que está en juego es el diseño mismo del equilibrio político. Al cuestionar estos puntos, el PT no solo negocia concesiones, sino que siembra dudas sobre si la reforma –tal como está planteada– puede alterar de forma indebida las condiciones de competencia.

Esto rompe de manera clara la narrativa de un bloque oficialista compacto. En lugar de un frente alineado, lo que se observa es una coalición que empieza a hacer agua cuando las decisiones tienen consecuencias reales. El Partido Verde —quien finge voltear hacia otro lado— tampoco ha mostrado una disciplina absoluta. Hay señales de incomodidad y presiones internas que, sin traducirse todavía en ruptura, sí revelan que el respaldo no es automático, algo que podría terminar definiendo la votación.

La presidenta Claudia Sheinbaum optó por una estrategia práctica: avanzar en lo posible, así implique recortar la reforma, aunque en los hechos los únicos puntos donde parece haber un acuerdo sólido son los relacionados con la austeridad. Todo lo demás está sujeto a negociación. Esto abre la puerta al escenario que en las condiciones actuales se vislumbra como el más probable: un Plan B aprobado, pero descafeinado. Una reforma que sobrevive, pero que en el proceso pierde una buena parte de su alcance original.

Hay un elemento de fondo al que hay que ponerle el ojo con rumbo a 2027. La discusión sobre concentrar elecciones, ajustar reglas y redefinir el papel de las instituciones electorales tiene un horizonte claro. No es una reforma abstracta ni de largo plazo; es una intervención directa en las condiciones bajo las cuales se competirá en la próxima gran jornada electoral. Eso explica en buena medida la intensidad de las posturas, incluso dentro del propio bloque gobernante.

Al final, el Plan B no se decidirá en un solo momento, sino en varias capas. Primero, en las comisiones del Senado, donde se definirá si hay dictamen y en qué términos. Después, en el pleno, donde se pondrá a prueba la disciplina de la coalición. Y finalmente en los tribunales, donde se evaluará la viabilidad constitucional. Cada etapa tiene sus propios riesgos, pero todas comparten un mismo trasfondo: la reforma no enfrenta un rechazo frontal, sino una resistencia sutil, fragmentada y por lo mismo más difícil de gestionar.

Si el Plan B termina por fracasar, no será necesariamente por la fuerza de la oposición, sino por la incapacidad de construir acuerdos sólidos dentro del oficialismo. Y si logra aprobarse, lo hará probablemente en una versión que refleje más las concesiones que las convicciones originales. En cualquiera de los casos, el proceso deja una lección clara. En política, las mayorías no solo se cuentan; hay que mantenerlas cohesionadas. Hoy, esa parece ser la tarea más compleja y la menos segura.

Más equipamiento, mejor decisión: lo que realmente importa en un seminuevo

Elegir un auto ya no es solo cuestión de diseño o marca. Hoy, la conversación pasa por el equipamiento. En el mercado de seminuevos —cada vez más relevante— modelos de gama media ya incorporan elementos que antes eran exclusivos de segmentos premium: pantallas más grandes, asistentes de manejo, sensores 360° o conectividad inalámbrica. En pocas palabras, estás comprando más con menos. Y ahí aparecen esos nice to have que, sin ser indispensables, transforman por completo la experiencia de manejo.

Pero no todo el equipamiento vale lo mismo. Hay una diferencia clara entre lo que suma valor real y lo que solo seduce en el momento. Sistemas de seguridad, control de estabilidad o integración con Apple CarPlay y Android Auto tienen impacto directo en la reventa. Otros detalles, más estéticos o específicos, pueden perder relevancia con el tiempo. La clave está en distinguir entre lo que se ve bien hoy y lo que seguirá siendo valioso mañana.

En un mercado más informado, el auto deja de ser solo un gusto y se convierte en un activo. Ahí es donde plataformas como Wahu aportan claridad: no solo muestran el estado del vehículo, sino cómo su equipamiento influye en su valor a lo largo del tiempo. Porque al final, no se trata de elegir el auto que más te gusta hoy, sino el que mejor equilibra experiencia, costo y futuro. Y en esa diferencia —aunque parezca pequeña— es donde realmente se toma una buena decisión.

Urge educación financiera para la Generación Z

El sobreendeudamiento en México parece haberse normalizado. Así lo reflejan datos de la CONDUSEF, que muestran un incremento en la morosidad del crédito al consumo, evidencia de que cada vez más personas utilizan financiamiento sin comprender plenamente su funcionamiento, lo que termina por traducirse en mayores niveles de deuda.

Un caso representativo es el de la Generación Z. De acuerdo con información de Círculo de Crédito, el buró con más de 20 años, una de cada tres consultas al historial crediticio proviene de este grupo. Sin embargo, este interés por informarse contrasta con el desempeño donde presentan algunas de las tasas de atraso más elevadas del sistema, con niveles cercanos al 25.9% en mujeres y 27.5% en hombres. Esta brecha entre acceso a la información y comportamiento financiero pone sobre la mesa una pregunta incómoda, ¿están realmente entendiendo cómo funciona el crédito?

Ahí es donde la educación financiera cobra relevancia. No se trata de limitar el gasto, sino de comprender conceptos básicos como la capacidad de pago, el impacto de los atrasos en el score crediticio y el funcionamiento de las tasas de interés. Sin estos elementos, el acceso al crédito puede convertirse más en un riesgo que en una herramienta de desarrollo.

La alta participación de la Generación Z en la consulta de su historial crediticio revela una disposición clara por informarse. La oportunidad real está en traducir ese interés en hábitos concretos como establecer recordatorios de pago, evaluar el nivel de endeudamiento antes de adquirir nuevas obligaciones y ajustar el gasto cuando sea necesario. Acompañar a los jóvenes en su entrada al sistema financiero no solo es deseable, sino indispensable para construir una base sólida de salud financiera a largo plazo.

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