El cáncer y su factura invisible para México y América Latina
Por René Jiménez, Gerente de Salud de Pro Mujer
El cáncer de mama no solo pone en riesgo la salud de millones de mujeres en América Latina. También genera una carga económica silenciosa que impacta en los hogares, presiona a los sistemas de salud y limita el desarrollo de los países. Aunque suele abordarse desde una perspectiva clínica, su dimensión económica y social continúa subestimada, aún cuando los datos confirman que se trata de un problema estructural.
A escala global, el cáncer de mama representa cerca del 12% de todos los diagnósticos oncológicos y es la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres. En América Latina y el Caribe, se registraron más de 220.000 nuevos casos y alrededor de 60.000 muertes.
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Detrás de estas cifras se acumulan costos directos, consultas, tratamientos, medicamentos, y otros indirectos menos visibles pero igual de relevantes: pérdida de ingresos, reducción de la productividad y empobrecimiento progresivo de los hogares afectados.
Una proporción significativa de las mujeres diagnosticadas son jefas de hogar. Muchas se ven obligadas a interrumpir o abandonar su actividad laboral debido a la enfermedad, a los efectos del tratamiento o a la imposibilidad de reincorporarse en condiciones adecuadas.
A esta situación se suma la economía del cuidado: incluso atravesando tratamientos complejos, continúan asumiendo tareas domésticas y el cuidado de hijas, hijos, personas mayores u otros familiares. La combinación de enfermedad, sobrecarga de tiempo y caída de ingresos configura un círculo de vulnerabilidad difícil de revertir, especialmente cuando no existe una red de apoyo.
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La desigualdad se refleja también en la supervivencia
En los países de ingresos bajos y medianos, más de la mitad de las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama fallecen, frente a menos del 20% en los países de ingresos altos. América Latina expresa con claridad esta brecha: aunque la incidencia es menor que en Europa o América del Norte, la mortalidad es proporcionalmente más alta. El diagnóstico tardío, el acceso limitado a tratamientos y las deficiencias en infraestructura sanitaria convierten a una enfermedad altamente tratable en una causa de muerte evitable.
El impacto económico es contundente. En México, por ejemplo, el gasto público en atención supera los 4.200 millones de pesos anuales, mientras que las pérdidas asociadas a incapacidades laborales y muertes prematuras duplican esa cifra. Estos costos no solo tensionan las finanzas públicas: erosionan la autonomía económica de las mujeres y amplifican desigualdades preexistentes.
Frente a este escenario, la detección temprana no es solo una estrategia sanitaria: es una decisión económica. Diagnosticar a tiempo reduce la complejidad de los tratamientos, mejora la calidad de vida, disminuye costos y permite a las mujeres sostener su independencia económica.
Complementar las estrategias de tamizaje y detección oportuna con educación en salud y autocuidado, herramientas digitales accesibles e inclusión financiera amplía el impacto, al facilitar decisiones informadas y reducir barreras de acceso.
Bajo esta perspectiva, Pro Mujer promueve un abordaje integral del cáncer de mama, entendiendo que no se trata solo de una problemática de salud, sino también de un desafío social y económico. Ignorar su costo oculto es, en definitiva, perpetuar desigualdades que sí pueden evitarse.
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