Aviación: el peor escenario desde el covid
En la aviación comercial, el combustible representa entre el 20 y el 30 por ciento de los costos operativos totales en condiciones normales de mercado. Cuando los precios del petróleo se disparan, como sucede ahora, pueden alcanzar hasta el 45 por ciento.
Los precios de la turbosina se han disparado hasta 117 % debido a la baja en el suministro de crudo por el conflicto en Medio Oriente. A ello agréguese que, en muchos países como México, el precio de dicho combustible depende del tipo de cambio del dólar.
Delta Air Lines, la mayor línea aérea estadounidense por capitalización de mercado, reportó una pérdida de 330 millones de dólares en el primer trimestre del año, su primera pérdida trimestral en casi tres años. Aunque siguen las reservas de vuelos y espera un incremento en sus ingresos, Delta prevé que, en general, habrá tarifas más altas y menos vuelos por el aumento en los precios de los combustibles.
La prospectiva de Delta es hasta cierto punto optimista -sobre todo con las expectativas de recuperación para el trimestre en curso-, considerando que la aerolínea cuenta con su propia refinería desde 2012, ubicada en Pensilvania, una inversión que está a punto de resultarle rentable en las actuales circunstancias, y que le permite cubrir parcialmente sus costos de combustible.
A pesar de que el anuncio del alto al fuego del martes provocó que cayeran los precios del petróleo, el escenario sigue siendo incierto y, en el mejor de los casos que se mantenga abierto el estrecho de Ormuz, la refinación, el suministro y el precio de la turbosina tardarán meses en normalizarse.
Por si fuera poco, la gran idea de negocio de realizar el Mundial de Fútbol en los tres países de Norteamérica, se ha visto empañada por reticencias previas a viajar a Estados Unidos por la persecución migratoria y los conflictos con países “amigos” por las bravatas de Trump, a lo que se suma ahora el escenario de guerra y el temor a ataques terroristas, por lo que puede prevalecer la prudencia y mejor quedarse en casa.
No extrañe entonces que, al escenario de menos vuelos y boletos más caros, se sume el de aerolíneas que tengan que mantener sus aeronaves en tierra temporal o definitivamente. Sin duda, el escenario más crítico para la aviación desde la pandemia.
La diplomacia de la improvisación: Velasco y el ocaso del Servicio Exterior
La reciente designación de Roberto Velasco como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) no es una sorpresa, pero sí una confirmación dolorosa: la política exterior de México ha dejado de ser una herramienta de Estado para convertirse en un tablero de lealtades políticas y premios de consolación.
En el complejo escenario geopolítico de 2026, donde la relación con Washington pende de hilos cada vez más delgados y la integración regional exige perfiles técnicos de alto nivel, la Cancillería queda, una vez más, en manos de la voluntad política por encima de la trayectoria diplomática.
Velasco llega a la silla del edificio de Avenida Juárez no por un Currículum Vitae forjado en la academia internacionalista o en los pasillos de las Naciones Unidas, sino por su cercanía al círculo de confianza del proyecto transexenal de la llamada Cuarta Transformación.
Su nombramiento es el síntoma de una enfermedad que ha aquejado a la SRE desde 2018: la convicción de que la “lealtad ciega” puede sustituir al Servicio Exterior Mexicano (SEM), una de las instituciones más profesionales y respetadas que, hasta hace poco, tenía el país.
Esta política de “90% lealtad, 10% capacidad” ha pasado factura. México ha perdido peso en organismos multilaterales y su voz se ha vuelto errática en temas de derechos humanos y democracia, sacrificando el liderazgo histórico del país por una retórica de no intervención que, en la práctica, se traduce en aislamiento o complicidad con regímenes cuestionables.
Mientras los cuadros de carrera son relegados a puestos de segunda o tercera línea, los “improvisados” ocupan los reflectores. El nombramiento de Velasco es un mensaje claro para los miembros del SEM: el mérito no cuenta; cuenta la alineación con el discurso del Ejecutivo.
La diplomacia es la primera línea de defensa de una nación. En un mundo que no espera a los rezagados, México está enviando a sus generales a la reserva para poner al mando a los amigos del régimen. Roberto Velasco tendrá el título, pero carece de la legitimidad que solo otorgan la trayectoria y el conocimiento profundo de los intereses nacionales frente al mundo.
Nuestra política exterior no solo ha perdido el rumbo; ha perdido la elegancia y la inteligencia que alguna vez la hicieron grande. Lo que hoy tenemos es una oficina de relaciones públicas al servicio de una ideología, operada por figuras que, en cualquier otro momento de la historia, difícilmente habrían pasado de la puerta de entrada de la Cancillería.
La Luna: control sin soberanía
Con el amerizaje de Artemis II –programado hacia las 6 de la tarde, hora de México–, la Luna habrá recuperado parte del brillo perdido para el programa espacial estadounidense, después de más de medio siglo de haber caído en el olvido.
A partir de ahora el satélite terrestre dejará de ser objeto exclusivo para los poetas, los románticos y los científicos para convertirse, adicionalmente, en una nueva frontera económica cuya arquitectura aspira a controlar Washington.
El regreso con Artemis no responde a la lógica de “traer recursos” a la Tierra en el corto plazo: la hipótesis de las tierras raras ubicadas en el mal llamado lado oscuro de la Luna es más una ilusión que una realidad. Incluso si existieran depósitos significativos, el precio de extraerlos y transportarlos sería hoy incosteable frente a los precios terrestres.
El elemento clave es el agua. En los polos lunares, particularmente en el sur, existen indicios sólidos de hielo, oxígeno e hidrógeno con potencial de transformarse en combustible. Quien controle esa capacidad no controlará solo un mineral, sino la logística misma del espacio profundo.
Ese es el sentido económico de Artemis. Posicionarse en lo que podría convertirse en una economía cislunar (el espacio que existe entre la Tierra y la Luna, incluyendo su influencia gravitatoria) que incluiría transporte, energía, telecomunicaciones, estaciones orbitales y bases permanentes. En esencia la construcción de rutas, nodos y servicios. Algo más cercano a levantar puertos y redes que a explotar minas.
Pero esta nueva carrera ocurre en un terreno jurídicamente peculiar. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece que ningún país puede reclamar soberanía sobre la Luna: es, en teoría, patrimonio de la humanidad. También prohíbe su uso con fines militares agresivos y promueve la cooperación internacional.
Sin embargo, el tratado guarda silencio en un punto crucial: la explotación de recursos, no prohíbe explícitamente extraerlos, pero tampoco define con claridad bajo qué reglas hacerlo. Este vacío ha permitido interpretaciones distintas. Estados Unidos a través de los Acuerdos Artemis, sostiene que es legítimo utilizar recursos siempre que no se reclame territorio. China y Rusia, en cambio, avanzan con un modelo más cerrado, donde el control estatal es central.
Así, sin violar formalmente el tratado, se abre la puerta al control de facto. Nadie puede ser dueño de la Luna, pero sí puede ocupar sus puntos estratégicos. Y en el polo sur lunar –donde coinciden agua, luz solar y condiciones favorables– estos puntos son limitados. Instalarse primero equivale a definir quién puede operar, cómo y bajo qué condiciones.
Artemis III, cuando finalmente se concrete, buscará no solo alunizar, sino validar sistemas para una presencia sostenida. Las siguientes fases incluyen estaciones en órbita lunar, bases en superficie y misiones recurrentes. Ya no se trata de una visita: hablamos de una instalación permanente.
La Luna es en ese sentido un punto intermedio hacia el destino final: Marte, los asteroides y más allá.
Bajo este escenario, la interrogante no es ya ¿quién es el dueño de la Luna? Sino quién definirá las condiciones de su uso y permanencia.
La nueva carrera espacial ya inició y su resultado final no se decidirá en el discurso, sino en quién logre ocupar primero el terreno.
Síguenos en Google Noticias para mantenerte informado
El cargo Aviación: el peor escenario desde el covid apareció primero en Mundo Ejecutivo.
